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Sin deudas

Estas cosas pasan siempre en tardes calmas, en el jardín los árboles no se movían, y no habían flores, unos matojos hacían su aparición sin pedir permiso.

Mirando desde la ventana, Gorka escuchaba una voz tranquila muy educada pero al mismo tiempo firme, la voz de su madre:

- Te lo hemos dado todo, pero no me pidas la casa de tu padre.

- Te hemos dado un nombre , y mira lo que le has hecho y una carrera que la desperdiciaste sin que de ella te tengas hecho valer ni valer a nadie.

- Así que no me pidas nada lo que te tenia que dar ya te lo he dado todo.

Gorka le dijo adiós a su madre, con la educación y la postura que se le esperaba, cambio su nombre y decidió nunca mas volver a la practica de la ciencia medica.

Había decidido no hacer daño a nadie mas y ser dueño de su vida, estaban saldadas las deudas, no debía nada a nadie, lo que a partir de ese día pudiera acontecer seria resultado de su labor.

El problema situado en el centro cabe en estos términos: el ser del sujeto, a donde nos

llevaba el aguijón de nuestras referencias anteriores.

Que el sujeto esté hendido es algo que Freud nunca se cansó de decir y repetir en todas

las formas posibles, después de haber descubierto que el inconsciente sólo se traduce en

nudos de lenguaje y tiene, por ende, un ser de sujeto.

Por la combinatoria de estos nudos se supera la censura, la cual no es metáfora, por

recaer sobre el material de estos.

Freud afirma de entrada que toda concepción de un retroceso de la conciencia hacia lo

oscuro, lo potencial y aun el automatismo, resulta inadecuado para dar cuenta de estos

efectos.

Se trae esto a colación simplemente para despojar de toda “filosofía” el empleo del cogito

este año, cosa legítima, a nuestro parecer, ya que él cogito no funda la conciencia sino

precisamente esa hendidura del sujeto.

Basta escribirlo:

Soy pensando: “luego soy”,[N.T.] Soy pensando, tan anómalo como en francés: je suis

pensant

para comprobar que esta enunciación, procurada por una ascésis, hiende el ser; ser que

sólo logra la conjunción de sus dos cabos manifestando la torsión que experimentó en su

nudo. ¿Causación? ¿Inversión? ¿Negatividad? En todo caso hay que hacer la topología de

esta torsión.

El paso de Piaget a Vygotzky ilustra la ganancia que produce el rechazo de toda hipótesis

psicológica de las relaciones del sujeto con el lenguaje, aun tratándose del niño. Porque

esta hipótesis no es más que la hipoteca que realiza un ser-de-saber, gravando al

ser-de-verdad que el niño ha de encarnar a partir de la batería significante que le

presentamos y que constituye la ley de la experiencia.

Pero nos estamos anticipando con esta estructura que hay que captar en la sincronía y

con un encuentro que no sea ocasional. El embrague de 1 respecto de 0, que nos llega del

punto donde Frege pretende fundar la aritmética, nos lo procura.

De allí se percibe que el ser del sujeto es la sutura de una falta. Precisamente de la falta

que, al escamotearse en el número, lo sostiene con su recurrencia; aunque lo sostiene allí,

sólo por ser lo que falta al significante para ser el Uno del sujeto, e s decir, ese término que

en otro contexto llamamos rasgo unario, marca de una identificación primaria que

funcionará como ideal.

El sujeto se hiende por ser a la vez efecto de la marca y soporte de su falta.

Aquí se impone retomar ciertos aspectos de la formalización donde se encuentra este

resultado.

Primero nuestro axioma que funda al significante como “lo que representa un sujeto (no

para otro sujeto, sino) para otro significante”.

Así se sitúa el lema, que acaba de readquirirse por otra vía: el sujeto es lo que responde a

la marca con lo que le falta a ésta. Aquí se ve que la reversión de la fórmula se opera

introduciendo una negatividad en uno de sus polos (el significante).

El lazo se cierra, sin quedar reducido a un círculo, al suponerse que el significante tiene su

origen en el borramiento de la huella.

El poder de las matemáticas, el frenesí de nuestra ciencia, no se basan en otra cosa que

la sutura del sujeto. De la delgadez de su cicatriz o, mejor todavía, de su hiancia, dan fe

las aporías de la lógica matemática (teorema de Gödel), para gran escándalo de la

conciencia.

No me hago ilusiones sobre esta crítica, ya que a este nivel es incapaz de limpiar los

excrementos de la herida; esos excrementos con que se esmera en recubrir dicha herida,

con una mayor o menor conciencia, el orden de la explotación social, que se asienta en

esta abertura del sujeto (y por ende no crea la alienación). Hay que mencionar la tarea

desempeñada aquí, desde el inicio de la crisis del sujeto, por la filosofía. Sirvienta de

varios amos.

Queda excluido, por otra parte, que alguna crítica a la sociedad llegue a suplir a la

anterior, ya que ella misma no sería más que una crítica proveniente de la sociedad, es

decir, involucrada en esa especie de paños calientes de pensamientos que acabamos de

mencionar.

Por. ello, sólo el análisis de este objeto puede encararlo en lo que tiene de real,… que

estriba en ser el objeto del análisis (propósito del año próximo).

No nos contentamos, sin embargo, con una suspensión que sería admitir que nos

retiramos del juego en lo que respecta a abordar el ser del sujeto, con la excusa de que

encontramos allí su fundamento como falta.

Esta es precisamente la dimensión que desconcierta, el que nuestra enseñanza someta a

prueba este fundamento en la medida en que está en nuestro auditorio.

¿Podemos acaso negamos a ver que lo que exigimos de la estructura en lo tocante al ser

del sujeto tiene necesariamente que implicar a quien lo representa por excelencia (por

representarlo con el ser y no con el pensamiento, igual que el cogito), es decir, al

psicoanalista?

Es lo que hallarnos en el fenómeno, notorio aquel año, de la delantera que tomó parte de

nuestro auditorio al ofrendamos el siguiente éxito: la confirmación de la teoría, correcta

según creemos, de la comunicación en el lenguaje. Nosotros lo expresamos diciendo que

no se emite el mensaje sino al nivel de quien lo recibe.

Sin duda hay que dar su puesto aquí al privilegio que debemos al lugar que nos ha dado

hospitalidad.

Pero sin olvidar, respecto de la reserva que inspira la excesiva facilidad que podría haber

en este efecto de seminario, la resistencia que esta reserva entraña, justificada por demás.

Justificada por consistir en compromisos de ser y no de pensamiento, y porque los dos

bordes del ser del sujeto.

Se diversifican aquí según la divergencia entre verdad y saber.

La dificultad en ser del psicoanalista está en lo que encuentra como ser del sujeto, es

decir, en el síntoma.

El que el síntoma sea ser-de-verdad es algo que acepta cualquiera en cuanto sabe lo que

quiere decir psicoanálisis, aunque está mandado a hacer para enredarlo.

Así se ve claramente el precio que tiene que pagar el ser-de-saber, para reconocer las

formas dichosas con las que sólo se aparea signado por la desdicha.

El que este ser-de-saber tenga que reducirse a ser el complemento del síntoma es algo

que le horroriza, y por elidirlo, pone en juego una postergación indefinida del estatuto del

psicoanálisis, como científico, por supuesto.

Por eso, ni siquiera la conmoción que produjimos al clausurar el año con este recurso,

logró evitar que en su lugar se repitiese el cortocircuito. Nos llegó el rumor, lleno con la

evidente buena voluntad de adornarse como paradoja, de que lo que hace el síntoma es la

manera cómo lo piensa el practicante. Claro que esto es muy cierto en lo que se refiere a

la experiencia de los psicólogos, la cual nos dio pie para ponerle el cascabel al gato. Pero

también equivale a quedarse, como psicoterapeuta, en el nivel de Pierre Janet, quien

nunca llegó a entender por qué él no era Freud.

La diosa botella es la botella de Klein. No por quererlo puede cualquiera hacer salir de su

cuello lo que está en su doblez. Y es que así se construye el soporte del ser del sujeto.

5 de abril de 1966

Todo a titulo informativo,  consulte siempre su medico !!!

¿Cómo se examina el paciente con Várices?

1.- Debe ser en bipedestación (no acostado)

Una vena safena puede estar insuficiente pero no estar varicosa, osea no tener alteración de la pared. En cambio una safena varicosa es dilatada, tortuosa .

Flebectasia/ telangiectasia? : várices tipo 1 que se ubican en la dermis y que sangran con facilidad.

Existen várices secundarias a fístulas a-v congénitas.

2.- Se realizan una serie de pruebas funcionales:

a) Test de Trendelenburg: El paciente en cama con la extremidad hacia arriba para vaciar los paquetes varicosos, se liga a nivel de muslo o rodilla (se pueden hacer ligaduras escalonadas). Al ponerlo de pie no se llenan los paquetes varicosos, al soltar la cinta elástica rápidamente se llenan.

Se concluye que tiene insuficiencia de la safena interna y del cayado en teoría si estando ligada se llena rápidamente, y al soltarlo queda igual, por lo tanto hay vena perforante insuficiente que está llenando el territorio superficial y el paquete varicoso.

b) Prueba de la percusión: Si se pone la mano examinadora proximalmente, y se percute distalmente se siente la onda de flujo proximal (la sangre va de abajo hacia arriba, por lo tanto es normal). Si se percute proximalmente y se siente a nivel distal, significa que hay válvulas incompetentes.

c) Prueba de la insuficiencia de las perforantes: Se pone una ligadura, ej proximal y se pide hacer el ejercicio punta- talón, así la bomba muscular de la pantorrilla se pone en movimiento, por lotanto el flujo de fuera hacia adentro hace que los paquetes varicosos se vacien, si no se vacían hay incompetencia de perforantes o de sistema profundo.

d) Prueba de Bertes: se realiza una ligadura proximal y se hace caminar al paciente, o bien suprimiendo superficialmente, si existe dolor es un Bertes (+) y significa obstrucción del sistema venoso profundo (al eliminar el sistema venoso superficial con la venda se produce un dolor isquémico).

e) auscultación con Doppler : se usa como auscultador ( en vez de las manos, pero es muy examinador dependiente ), se realiza al maniobra de Valsalva, con lo cual deja de haber flujo ( al aumentar la presión intraab las válvulas se cierran ).Si existe insuficiencia y se ausculta el cayado de la aorta , se sentirá una onda de reflujo

Se puede instalr un troquer en Vena del dorso el pie, para medir las presiones, la presión baja si está en marcha, ya que el sistema superficial se vacía al profundo . en presencia de várices la presión no cae tan drásticamente.Si existiera insuficiencia , la presión cae menos y al estar obstruido incluso puede aumentar.

Es un examen invasivo que se ha dejado de hacer con el Eco doppler.

f) Ecco Doppler : asocia la ecotomografía con doppler que muestra flujo, así existe un examen anatómico con un examen funcional. Permite ver la anatomía de las venas y hacer diagnósticos finos para determinar los reflujos del SVP.Es de alta sensibilidad y especificidad.

Complicaciones de las Varices

1.-Hemorragia :es un cuadro impactante, si se rompe una varice, como no tiene contractibilidad, la presión es enorme. La solución es poner la extremidad en alto ( acaba la presión en el sistema venoso y se acaba el sangrado ), curación local , vendaje compresivo y reposo. Toda hemorragia deja úlcera varicosa.

2.- Ulceras varicosas : por varicorragia, traumatismo o por alteración de la piel por la hipertensión venosa distal ( varicoso —–escaras ).

3.-Flebitis :relacionado con proceso infeccioso, consiste en cordón duro , doloroso, con signos inflamatorios en la piel.El tratamiento es reposo con la pierna en alto, AINEs, Antibióticos, cremas de acción local.

4.-eczema : sigue trayecto de paquetes varicosossigue trayecto de paquetes varicosos. La piel es lisa, deslizable, no hay lipodistrofia, existe hiperpigmentación por depósitos de hemosiderina en relación a paquetes varicosos . Se pueden complicar con infecciones y producir fenómenos inflamatorios como celulitis o erisipela.


Decreto del incendio del Reichstag

El artículo 1 suspendía “hasta nuevo aviso” el ejercicio del derecho a la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad individual de la persona, la libertad de asociación, la libertad de reunión y el secreto de las comunicaciones, mientras a la vez permitía a las autoridades practicar arbitrariamente registros de domicilios o de oficinas, confiscar bienes privados y ejecutar otras restricciones a la propiedad. Los artículos 2 y 3 otorgaban al gobierno del Reich todas las facultades propias de los estados federales de Alemania (estados establecidos por la Constitución de Weimar) en cuanto a la “custodia de la seguridad pública”, vulnerando las autonomías locales previstas por la Constitución; los artículos 4 y 5 fijaban penas severas para los actos contrarios a la seguridad pública, desde multas por 15,000 Reichsmark hasta penas de cárcel mayores a las fijadas hasta entonces por el Código Penal (el cual quedó ampliamente modificado para aumentar drásticamente diversas penas), incluyendo la pena de muerte para quienes causaren daños a bienes públicos o quienes “opusieran resistencia a autoridades del Reich”; el artículo 6 fijaba finalmente que el decreto entraba en vigencia en todo el país el día de su publicación, es decir, desde el mismo 28 de febrero.

Ley de la Bandera del Reich, de 15 de septiembre de 1935

El Reichstag ha aprobado por unanimidad la siguiente Ley que queda así promulgada:

Artículo 1

Los colores nacionales del Reich son negro-blanco-rojo.

Artículo 2

La bandera con la cruz gamada se convierte en bandera del Reich y en bandera nacional. Ésta será, igualmente, la bandera de los buques mercantes.

Artículo 3

El Führer y Reichskanzler determinará las características de la Reichskriegsflagge (Bandera de guerra) y de los estandartes oficiales.

Artículo 4

El Ministro del Interior dictará, en todo aquello que no sea competencia del Ministro de la Guerra, las disposiciones reglamentarias pertinentes en desarrollo de la presente Ley.

Artículo 5

Esta Ley entrará en vigor el mismo día de su promulgación.

Nuremberg, 15 de septiembre de 1935, en el Reichsparteitag der Freiheit

El Führer y Reichskanzler
Adolf Hitler

El Ministro del Interior
Frick

El Ministro de la Guerra y Comandante en Jefe de la Wehrmacht
von Blomberg


Normalmente pensamos que somos alguien especial por lo que aparentamos tener. Luego nos damos cuenta que lo que tenemos es muchas veces un lastre que tenemos que arrastrar con nosotros.

Existen cosas fundamentales, cosas sin las cuales podemos sobrevivir que ya tenemos, a las cuales no damos ningún aprecio, o valor.

Hoy he pensado varias cosas relativamente a la felicidad. Nos han educado con la idea de que para ser felices tenemos que tener un montón de cosas para lo que nos hace falta dinero. Mis padres han sufrido todas las crisis y desarrollaran ese sentimiento, de lo que puede pasar mañana y unos principios con los cuales por razones generacionales, como todos nosotros, no estamos de acuerdo. Me dé cuenta que si uno piensa que el dinero es sinónimo de seguridad eso es un grande error, es la sociedad del dinero, la filosofía de tener más que el vecino del lado.

Empecemos; ¿tiene usted alimentos, agua, donde dormir y ropa que le caliente en invierno? Pues es usted un hombre o mujer con suerte, podríamos hacer comparaciones, pero no caiga en el error de compararse con los que tienen más que usted solo saldría decepcionado.

Un mundo sencillo con cosas sencillas con los placeres más sencillos es el camino a la felicidad. ¿Tiene usted alguien que le quiera? ¿Que se preocupe por usted? Lo tiene todo. Pues mire a su vuelta, de cuantas cosas inútiles está usted rodeado, cosas que no sirven absolutamente para nada. Solo ocupan espacio en su vida, estorban, mantenga lo que tiene con cuidado, no pierda ni deje que se estropee nada de lo que le hace realmente falta o que le es imprescindible lo demás es guardarlo en una caja de cartón, como recuerdo de una vida infeliz.

La ciencia ha formulado propuestas relativamente a la sexualidad femenina, planteadas bajo criterios rigurosos y en el marco de la promoción de la salud, mas tarde fueron convertidas, transformadas o mejor dicho, “deformadas”- en mitos sexuales. El doctor Grafenberg (este si, un científico real) publico en 1950 un articulo que mas tarde seria muy famoso: El punto G (se llama así por su inicial). Grafenberg criticaba los estudios estadísticos realizados sobre frigidez femenina porque metían en el mismo saco a aquellas mujeres que no habían sido estimuladas adecuadamente y probablemente no tenían ningún problema en su respuesta sexual. Este ginecólogo alemán proponía como autentico “orgasmatron” la caricia y estimulación de la cara anterior de la vagina en relación con la uretra y las áreas para uretrales (o próstata femenina, como se la denominaba antiguamente). Para aquellos/as que no tengan buena orientación, digamos que se encuentra a unos cinco centímetros de la abertura de la vagina, en su interior, justo detrás del hueso del pubis. Es como una habita, porque realmente el punto G corresponde al bulbo uretral y contiene una fina capa de tejido esponjoso muy similar al clítoris, que se erecta mas o menos como el miembro viril. Hasta aquí, la ciencia.

Pero, como ocume con frecuencia, de la ciencia se pasa a la ciencia ficción.

Sin embargo tiene que ver con las formulaciones científicas de Grafenberg.

El ser humano tiende a convertir en leyenda lo que no comprende bien, lo que es importante y para lo que necesita una respuesta. El mito recurre a la ciencia o a la magia para desencadenar aquello que al hombre le resulta inexplicable, como esos secretos que encierra la sexualidad femenina: esas notas que hay que tocar para desencadenar en ella el gemido del placer. Pero la particularidad de estos mitos tambien responde a algo que en los años cincuenta tanto pensadores como científicos defendían y que se ha repetido hasta la saciedad. Nos referimos a aquello de que no hay mujeres frías, sino ineficazmente estimuladas.

Cada persona tiene una forma única de ser excitada. Somos exquisitamente particulares. Además, mujeres y hombres se diferencian no solo en la forma que tienen de responder sexualmente, sino también en el tipo de estímulos que provocan su excitación sexual.

«Por entre el claro en el seto», dijo Susan, «vi cómo Jinny le besaba. Alcé la cabeza inclinada sobre la maceta, y miré por el claro en el seto. Vi cómo Jinny le besaba. Los vi, a Jinny y a Louis, besán­dose. Ahora envolveré mi angustia en el pañuelo que siempre llevo en el bolsillo. Y la angustia quedará prietamente apretujada, en una pelota. Sola iré al bosque de hayas, antes de clase. No me sentaré a la mesa para hacer sumas. No me sentaré al lado de Jinny, no me sentaré al lado de Louis. Cogeré mi angustia, y la dejaré sobre las raíces, bajo las copas de las hayas. La examinaré y la cogeré con las puntas de los dedos. No me descubrirán. Co­meré nueces y buscaré huevos entre las zarzas, se me amazacotará el cabello, dormiré bajo un arbus­to, beberé agua de charca y allí moriré.»

«Susan ha pasado junto a nosotros», dijo Ber­nard. «Ha pasado ante la puerta de la caseta de las herramientas, con el pañuelo prietamente apeloto­nado. No lloraba, pero sus ojos, tan hermosos, se habían achicado, como se achican los de los gatos antes de saltar. La seguiré, Neville. Iré despacio tras ella, para estar presto, con mi curiosidad, a fin de confortarla cuando estalle y en su rabia piense: “Estoy sola.”

»Ahora cruza el campo, contoneándose indiferen­te, para engañarnos. Llega a la depresión; cree que nadie la ve; echa a correr con los puños crispados ante sí. Se le hunden las uñas en el pañuelo apelo­tonado. Se dirige hacia el bosque de hayas, fuera de la luz. Abre los brazos al llegar a las pavas y se zambulle en las sombras como una nadadora.

Pero se ha quedado ciega tras la luz y tropieza y se arroja sobre las raíces, bajo las copas de los árbo­les, donde la luz parece jadear, naciendo y extin­guiéndose, naciendo y extinguiéndose. Las ramas respiran fuerte, arriba y abajo. Hay angustia ahí. Las raíces forman un esqueleto en la tierra, con hojas muertas amontonadas en los rincones. Susan ha derramado su angustia. El pañuelo yace en las raíces de las hayas, y Susan solloza, ovillada donde ha caído.»

«He visto cómo Jinny le besaba», dijo Susan.«He mirado por entre las hojas y la he visto. Entró bailando, moteada de diamantes, leves como el pol­vo. Y yo soy chaparra, Bernard, chaparra y baja. Tengo ojos que miran muy de cerca el suelo y ven insectos en la hierba. La amarilla calidez de mi costado se tornó piedra, cuando vi que Jinny besaba a Louis. Comeré hierba y moriré en cualquier char­ca de agua parda, con podridas hojas muertas.»

Sin embargo, él mismo reconoce los caracteres que lo acercan a la paranoia: La sistematización del delirio, su uniformidad, su carácter inquebrantable, más aún, la limitación del proceso mórbido a ciertos ciclos de representación, la conservación duradera de la personalidad psíquica, la ausencia de manifestación de debilitamiento intelectual”

La vinculación prevalente de este delirio con una ocasión exterior determinada, con cierto prejuicio real o pretendido, es lo que lo hace entrar en el grupo de las psicosis psicógenas, donde lo vemos figurar al lado de la psicosis carceral y de la neurosis de renta, nuestra neurosis traumática.

“La distinción añade, sin embargo- no tiene ninguna importancia real, pues la paranoia también es de causa psicógena, pero la diferencia consiste en que, en la paranoia, las fuerzas que actúan realmente en la elaboración mórbida de los acontecimientos vitales son puramente endógenas al enfermo, mientras que, en los diversos que rulantes, la ocasión exterior da el sustrato decisivo para la aparición del cuadro mórbido.”

Pero, añade, hay que indicar la importancia esencial de la predisposición en la determinación de la querulancia, lo cual lo lleva a concluir que “toda la diferencia consiste en cierto desplazamiento de las condiciones exteriores e interiores”.

Fácil es ver, pues, hasta qué punto la delimitación depende aquí de la concepción misma de la enfermedad. Nosotros nos atendremos, de manera provisional, a la unidad entre el delirio de reivindicación y las otras formas de delirio paranoico que reconocen Sérieux y Capgras ellos mismos a pesar de las distinciones esenciales que han aportado con sus trabajos entre los dos tipos de procesos. Nuestra posición definitiva acerca del asunto la reservamos para un apéndice de nuestro

estudio.

El dato clínico de la evolución sin demencia, el carácter contingente de los factores orgánicos (reducidos, por lo demás, a trastornos funcionales) que pueden acompañar a la psicosis, y, finalmente, la dificultad teórica de explicar sus particularidades (el delirio parcial) por la alteración de un mecanismo simple, intelectual o afectivo, todos estos elementos, y otros todavía más positivos, hacen que la opinión corriente de los psiquiatras, como se sabe, atribuya la génesis de la enfermedad a un trastorno evolutivo de la personalidad.

La noción de personalidad es compleja. La psicología científica se ha esforzado por despegarla completamente de sus orígenes metafísicos, pero, como suele suceder en casos análogos, ha llegado a definiciones bastante divergentes entre si. Lo que la psiquiatría tiene que tomar en cuenta son, en primerísimo lugar, certidumbres clínicas globales, más seguras, pero también más confusas que las definiciones analíticas; la psiquiatría, además, pone de relieve ciertos vínculos de una importancia capital entre los diversos puntos de vista de la psicología. El uso que hace de la noción no es, sin embargo, unívoco entre los distintos autores, lo cual enturbia los datos ciertos y permite edificar sobre los dudosos. Por eso, antes. de pasar a la presentación y a la critica de las teorías expresadas, quisiéramos precisar el valor psicológico, en el sentido más general, de un término que, demasiado cargado por las aportaciones así de la observación científica como de las creencias populares, y surgido a la vez de las especulaciones de la metafísica y de la experiencia acumulada en la sabiduría de los pueblos, es sumamente rico, pero se presta a toda clase de confusiones.

La carta robada

El seminario sobre La carta robada

Lacan

…/

¿Pero que hay con esto? Para que pueda haber carta robada, nos preguntaremos, ¿a

quién pertenece una carta? Acentuábamos hace poco lo que hay de singular en el regreso

de la carta a quien acababa de dejar ardientemente volar su prenda. Y se juzga

generalmente indigno el procedimiento de esas publicaciones prematuras, de la especie

con la que el Caballero de Eon puso a algunos de sus corresponsales en situación más

bien deplorable.

La carta sobre la que aquel que la ha enviado conserva todavía derechos, ¿no

pertenecería pues completamente a aquel a quien se dirige? ¿o es que este último no fue

nunca su verdadero destinatario?

Veamos esto: lo que va a iluminarnos es lo que a primera vista puede oscurecer aún más

el caso, a saber que la historia nos deja ignorar casi todo del remitente, no menos que del

contenido de la carta. Sólo se nos dice que el Ministro reconoció de buenas a primeras la

escritura de su dirección a la Reina, e incidentalmente, a propósito de su camuflaje por el

Ministro, resulta mencionado que su sello original es el del Duque de S… En cuanto a su

alcance, sabemos únicamente los peligros que acarrea si llega a las manos de cierta

tercera persona, y que su posesión permitió al Ministro “utilizar hasta un punto muy

peligroso con una meta política” el imperio que le asegura sobre la interesada. Pero esto

no nos dice nada del mensaje que vehicula.

Carta de amor o carta de conspiración, carta delatora o carta de instrucción, carta de

intimación o carta de angustia, sólo una cosa podemos retener de ella, es que la Reina no

podría ponerla en conocimiento de su señor y amo.

Pero estos términos, lejos de tolerar el acento vituperado que tienen en la comedia

burguesa, toman un sentido eminente por designar a su soberano, a quien la liga la fe

jurada, y de manera redoblada puesto que su posición de cónyuge no la releva de su

deber de súbdita, sino mas bien la eleva a la guardia de lo que la realeza según la ley

encarna del poder: y que se llama la legitimidad.

Entonces, cualquiera que sea el destino escogido por la Reina para la carta, sigue siendo

cierto que esa carta es el símbolo de un pacto, y que incluso si su destinataria no asume

ese pacto, la existencia de la carta la sitúa en una cadena simbólica extraña a la que

constituye su fe. Que es incompatible con ella, es lo que queda probado por el hecho de

que la posesión de la carta no puede hacerse valer públicamente como legítima, y que

para hacerla respetar, la Reina no podría invocar sino el derecho de su privacidad, cuyo

privilegio se funda en el honor que esta posesión deroga.

Pues aquella que encarna la figura de gracia de la soberanía no podría acoger una

inteligencia incluso privada sin interesar al poder, y no puede para con el soberano alegar

el secreto sin entrar en la clandestinidad.

Entonces la responsabilidad del autor de la carta pasa al segundo plano ante aquella que

la detenta: pues a la ofensa a la majestad viene a añadirse en ella la más alta traición.

Decimos: que la detenta, y no: que la posee. Pues se hace claro entonces que la

propiedad de la carta no es menos impugnable para su destinataria que para cualquiera acuyas manos pueda llegar, puesto que nada, en cuanto a la existencia de la carta, puede

entrar en el orden sin que aquel a cuyas prerrogativas atenta haya juzgado de ello.

Todo esto no implica sin embargo que porque el secreto de la carta es indefendible, la

denuncia de ese secreto sea en modo alguno honorable. Los honesti homines, la gente de

bien, no podrían salir del embrollo a tan bajo precio. Hay más de una religio, y todavía nos

falta bastante para que los lazos sagrados dejen de tironearnos a diestra y siniestra. En

cuanto al ambitus, el rodeo, como se ve, no es siempre la ambición la que lo inspira. Pues

si hay aquí uno por el que pasamos, es el caso de decir que quien lo hereda no lo roba,

puesto que, para serles franco, no hemos adoptado el título de Baudelaire con otra

intención que la de marcar bien, no como suele enunciarse impropiamente el carácter

convencional de significante, sino más bien su precedencia con respecto al significado.

Esto no quita que Baudelaire, a pesar de su devoción, traicionó a Poe al traducir por “la

carta robada” (“la lettre volée) su título, que es: The purloined letter, es decir que utiliza una

palabra lo bastante rara para que nos sea mas fácil definir su etimología que su empleo.

…/

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